Tipos de pintura y para qué sirve cada una
No existe una pintura que sirva para todo. Cada superficie y cada uso piden un producto distinto, y elegir bien es tan importante como aplicarlo correctamente.
- Pintura plástica: la más habitual en paredes y techos de interior. Es al agua, apenas huele y se limpia con facilidad según su calidad.
- Pintura acrílica: también al agua, con buena adherencia y resistencia. Se usa en interiores y en algunos exteriores.
- Esmalte al agua o sintético: para madera y metal. El esmalte al agua huele menos y amarillea menos; el sintético es muy resistente pero tarda más en secar.
- Laca: acabado fino y uniforme para puertas, muebles y armarios, normalmente aplicada a pistola.
- Barniz: protege la madera dejando ver su veta. Hay versiones para interior y para exterior.
- Epoxi: pintura muy resistente para suelos de garajes, naves y locales con tránsito.
- Pinturas para fachadas (siliconadas o pliolite): pensadas para soportar lluvia, sol y cambios de temperatura.
- Pintura antimoho: incorpora aditivos que dificultan la aparición de moho en baños y cocinas, pero no soluciona el origen de una humedad.
Acabados: mate, satinado o brillo
El acabado indica cuánta luz refleja la pintura. El mate disimula mejor las imperfecciones de la pared y da un aspecto cálido, por eso es el más usado en salones, dormitorios y techos.
El satinado tiene un ligero brillo y se limpia con más facilidad, lo que lo hace adecuado para pasillos, habitaciones infantiles, cocinas y baños. El brillo resalta mucho cualquier defecto, así que suele reservarse para carpintería, rejas o elementos decorativos.
Cómo elegir el color
La luz lo cambia todo. Un mismo color se ve distinto en una habitación orientada al norte que en una que recibe sol directo, y también cambia con la luz artificial. Por eso conviene probar una muestra en la pared y mirarla a distintas horas.
En estancias pequeñas, los tonos claros ayudan a ganar sensación de amplitud. En techos, el blanco o un tono más claro que las paredes aporta luminosidad. Si quieres un color intenso, una sola pared de acento puede ser suficiente para dar personalidad sin cargar el espacio.
Preparación de superficies
Buena parte del resultado final depende de lo que se hace antes de pintar. Hay que limpiar la superficie, rascar la pintura que se desprende, tapar agujeros y grietas con masilla y lijar hasta dejarla lisa.
Después se aplica la imprimación adecuada al soporte: una fijadora para yesos que absorben mucho, una de agarre para superficies lisas o brillantes, o una específica para metal o madera. Saltarse este paso es una de las causas más frecuentes de que la pintura se desconche.
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Cuántas manos de pintura hacen falta y por qué
Lo habitual es dar al menos dos manos. La primera sella y unifica la superficie, y la segunda aporta el color definitivo y un acabado uniforme. Con cambios de color fuertes, de oscuro a claro o al revés, puede hacer falta alguna más.
Entre mano y mano hay que respetar el tiempo de secado que indica el fabricante. Si se aplica la siguiente antes de tiempo, pueden aparecer marcas, burbujas o diferencias de tono.
Pintar con los muebles en casa
No hace falta vaciar la vivienda para pintarla. Lo normal es agrupar los muebles en el centro de cada estancia y cubrirlos bien con plástico, y proteger el suelo con papel o cartón.
- Retira cuadros, cortinas y objetos pequeños antes de que lleguemos.
- Deja libre el acceso a las paredes que se van a pintar.
- Ventila bien durante y después del trabajo.
- Pintando por estancias, puedes seguir usando el resto de la casa.
Cuidado y limpieza de las paredes pintadas
Durante los primeros días conviene no frotar las paredes, aunque al tacto parezcan secas, porque la pintura sigue curando. Pasado ese tiempo, la mayoría de manchas se quitan con un paño húmedo y un poco de jabón neutro.
Evita estropajos y productos abrasivos, sobre todo en acabados mate, porque pueden dejar brillos. Guarda un poco de la pintura sobrante bien cerrada para hacer pequeños retoques en el futuro.
Cuándo conviene volver a pintar
No hay una fecha fija: depende del uso, de la estancia y de la calidad de la pintura. Las zonas de paso, las habitaciones de niños y las cocinas suelen necesitar un repaso antes que un dormitorio o un salón poco transitado.
Algunas señales de que ha llegado el momento son el color apagado o amarillento, manchas que ya no salen, pequeñas grietas o zonas que se desconchan. Si además aparecen manchas de humedad o moho, lo primero es averiguar su origen antes de volver a pintar.